Año 10 - Número 71

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¿A quién le importa?



Los EE. UU en versión bizarra

Esto es América

Por Betina González

La ganadora del premio Tusquets con la novela Las poseídas vivió en el país del norte y trajo de ahí muchas historias reales que muestran una sociedad norteamericana obsesionada por la religión, la fama y las armas.  ¿Qué es lo que define realmente la idiosincrasia de una nación?


Es difícil escribir sobre Estados Unidos. Para los americanos, el país real es invisible. Para los extranjeros, un espejismo cuidadosamente diseñado desde Hollywood o la prosa de Paul Auster, da igual. A los que llegan como turistas, la verdad los elude con cientos de malls que ofrecen rebajas interminables, la Cenicienta de carne y huesos de cheerleader que baila en el escenario del Magic Kingdom, y el neón, la resaca y la promesa (sólo eso) de fiebre y felicidad en Las Vegas.
Incluso para los que creen poseer credenciales de viajero profesional, "lo americano" sigue siendo más un interrogante que una certeza, sea en los bares a los que sólo van los locales (y en los que te sirven una cerveza efímeramente multicultural mientras todo lo demás es mutismo) o en los clubes del Village, donde hasta los hipsters parecen diseñados para ojos extranjeros.
A los que vivimos un tiempo largo en el país, su realidad nos engulle de tal manera que es difícil de narrar. Alguna vez, en un tiempo de menos inventiva y mayor pretensión, pensé en escribir un libro de ensayos que diera cuenta de ese estado de observadora forzada. Se iba a llamar The Reluctant Anthropologist. Abandoné pronto la idea: el memoir -tan dependiente del yo y sus protuberancias- se centraba inevitablemente en mi limitada experiencia, en esa mirada que los estadounidenses designan tan bien como "alien" y que de poco me servía si de verdad quería narrar Pennsylvania o Texas desde dentro.
Alien, la palabra que designaba al extranjero en latín, en español quedó relegada a prefijo usado en el terreno de los extraterrestres o de los marxistas (como alienación). En cambio, en un país que "compra a sus enemigos y los atrae con prosperidad", como dice Daniel Alarcón, todos los extranjeros somos aliens o alienígenas seducidos. La clave, por supuesto, está en el adjetivo: no a todos nos seduce el sueño americano, muchos nos rendimos a su reverso.
Cuando abandoné el proyecto de ese libro fallido, me dediqué a coleccionar noticias de ese reverso: ni siquiera son ejemplos de fracasos o derrotas, son historias crecidas a la sombra de ese sueño que pone toda su fe en el individuo y su empeño y deja a la sociedad de brazos cruzados o señalando con el índice. Hay mucha fe, una increíble, triste y pegajosa fe en esa idea del éxito individual. Es que antes que nada, Estados Unidos es un país de creyentes. No es casual que muchas de las noticias que me llamaban la atención tuvieran que ver con esa ingenuidad u optimismo que mueve a la sociedad entera pero también con cultos extraños, sectas y religiones que sólo han prosperado en esas latitudes.
Una de las primeras cosas que nota el viajero que llega a El Paso, Texas es la montaña que la custodia desde Ciudad Juárez. En letras cavadas en su ladera y rellenas con cal, dice: "La Biblia es la verdad: Léela". La frase puede verse desde los lugares neurálgicos de El Paso (de hecho es más visible allí que desde Juárez). Una leyenda local sostiene que el pastor que llevó a cabo la empresa -y la mantiene periódicamente cuando las letras empiezan a despintarse- es un gringo, no un mexicano (que la frase esté en español no avala demasiado esta hipótesis). Después de vivir unos meses en la ciudad empecé a notar otras inflexiones divinas en el paisaje urbano. Dios estaba en todas partes. Además de las innumerables jardines adornados con carteles de "We pray for our troops”, en la autopista que abandona la ciudad por el oeste, siempre me sorprendía un letrero rojo, descomunal en el que Dios preguntaba: "Would you like to have yourself as a friend?". Ninguna iglesia se asignaba la inquisición. El letrero cerraba con un 0800.
Uno de mis pasatiempos favoritos -otro era ir a discos gay, las únicas que no cerraban a las diez- era caminar hasta la pileta de la universidad pasando por la puerta de la iglesia del barrio. Era una construcción blanca y modesta, casi una granja de Walnut Grove. Su único atractivo eran las frases que el pastor cambiaba semanalmente en la pancarta de la entrada. Me hice el hábito de anotarlas: si a las metáforas fáciles se le suma el tono de libro de autoayuda se obtiene un Dios Paulo Coelho con bastante chispa. Un Dios que combina bien con esa pátina de desprecio y cortesía que regla que cualquier intercambio humano en una comunidad americana (un cóctel potencialmente explosivo, como muestran penosamente los "episodios con armas" a los que las noticias de ese país nos tienen acostumbrados).
Copio dos de mis frases dominicales favoritas (por su aparente inocencia y porque desafían el arte de la traducción): Worries are the darkroom where negatives are Developer (¿Las preocupaciones son el cuarto oscuro donde se desarrollan pensamientos negativos? Seguro. Seamos americanamente optimistas: si llegamos a la luna, bien podemos despreocuparnos de haber arruinado el planeta. It's gonna be ok, baby).
Sandwich your criticism among two layers of praising (¿Debes emparedar tus críticas con dos rebanadas de elogios?). Of course. Ésta debería haberla aprendido mejor, me hubiera evitado más de un dolor de cabeza durante mis aventuras como profesora en una academia que te penaliza por entregarle un parcial a un alumno delante de otros (nada de humillar públicamente a alguien que entregó la hoja en blanco, a ver si se traumatiza de por vida) o simplemente por emitir opiniones en el aula. Se sabe: ni de religión ni de política se habla en las reuniones sociales ni en las Casas de Altos Estudios. Mucho menos de adolescentes que se alcoholizan hasta el coma, desconocen los métodos más básicos de protección sexual y no saben (literalmente) donde quedan las pirámides de Egipto.
Con la mirada más entrenada, me fue fácil pasar de las admoniciones religiosas a los titulares de prensa. El optimismo, la fe o la ingenuidad (no confundir con idiotez) americanos estaban allí de las maneras menos misteriosas:
Marion County, Florida: "Una mujer de 92 años le dispara a la casa de su vecino porque él le habría negado un beso". Dwight, de 52, declaró que la anciana le tocaba el timbre para charlar y le llevaba comida. Helen sólo afirmó que en realidad no quería darle a la casa, sino al coche de Dwight ya que parecía ser su objeto más preciado. ¿Es culpa de ella haber confundido cortesía con amor? No, el problema es que tuviera una semiautomática en la casa.
Providence, Rhode Island: "Un gato predice 50 muertes en un asilo de ancianos". El fenómeno, documentado durante cinco años por el médico director del geriátrico y profesor en la prestigiosa Universidad de Brown, consistía en que el gato se subía a la cama de la víctima designada horas antes de su deceso. Sólo en un país como Estados Unidos un caso como ése llega a transformarse en un artículo "científico". Si recordamos que en algunos estados (en Kansas, por ejemplo) no se enseña a Darwin en las escuelas, no resulta tan sorprendente.
Fort Collins, Colorado: Una joven pareja llama a la policía para denunciar que su hijo de seis años ha desaparecido en un globo aerostático de fabricación casera. Después de casi 24hs de pánico transmitido en directo por TV, el matrimonio confiesa que el niño está escondido en el sótano de la casa y que idearon la farsa para posicionarse mejor como candidatos a un famoso reality. Lo mejor de esta noticia fue la declaración del niño. Un periodista le preguntó porqué había accedido a esconderse. "You guys said that we did this for the show", dijo mirando desconcertado a sus padres.
Durante años guardé éstas y otras noticias (que, no casualmente ocurrieron en ciudades pequeñas) con la esperanza de que se convirtieran en relatos sobre mi "experiencia americana". La lista podría seguir hasta llegar a los extremos fundamentalistas de la Iglesia Pentecostal, que incluye ceremonias con serpientes y cócteles de jugo de naranja con estricnina destinados a probar que los feligreses que no mueren en el acto están habitados por el Espíritu.
En la práctica sólo una de estas historias se transformó en un cuento. Escribirlo sin recurrir a la mirada extranjera (como sí lo he hecho en este artículo) resultó bastante difícil. Por lo demás, alguien transformó la noticia del gato en un exitoso libro de autoayuda para lidiar con la muerte de seres queridos. La noticia del globo recuerda a otra farsa, esta vez literaria: una serie de artículos publicados por Edgar Allan Poe en The Sun como reportes sobre un (falso) globo aerostático tripulado que había cruzado el Atlántico. Y la de la anciana, como tantas historias de ridícula soledad, me espera todavía en el disco de mi computadora.
Quizás no esté de más recordar que el país en el que suceden estas historias modestamente extraordinarias es también el de Henry James, el de Gertrude Stein, Francis Ford Coppola, Andy Warhol y la Velvet Underground. Y que a esta altura del siglo, nos guste o no, la cultura estadounidense es también la nuestra. I say:
let's go for it.


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“En un país que "compra a sus enemigos y los atrae con prosperidad", como dice Daniel Alarcón, todos los extranjeros somos aliens o alienígenas seducidos.”

“El matrimonio confiesa que el niño está escondido en el sótano de la casa y que idearon la farsa para posicionarse mejor como candidatos a un famoso reality.”



 
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