Año XI - Número 72

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Pareja Perfecta

Editorial
Por Ricardo Coler

La pareja perfecta es una pareja sin amor y sin sexo. Mejor dicho, es la que no pretende ninguna de las dos cosas. Si los que integran una pareja son capaces de renunciar para siempre a las complicaciones que conlleva el encuentro emocional con el otro es probable que triunfen y logren formar una sociedad ideal: padre, madre y niños. Sólo les quedará sacarse muchas fotos sonriendo, enmarcarlas y ponerlas en la mesa de luz. Pero si el padre y la madre también pretenden ser un hombre y una mujer activos, la vida se vuelve un tembladeral. Es ingenuo creer que el amor estabiliza y la sexualidad completa. Si hay algo que desequilibra a dos que viven juntos es la pretensión de amor eterno y la fantasía de goce absoluto. Por eso las religiones tienen toda la razón: para conservar un hogar lo más sencillo es que la sexualidad se reprima y que la pasión se dedique a Dios y no a enredarse con el otro.

Es cierto que una pareja se arma por amor pero también es cierto que las parejas se separan por amor cuando uno de los dos no se siente querido o cuando el otro dejó de querer. El amor entre los sexos no sirve para ninguna otra cosa más que para estar enamorado. No es necesario ni para ponerse de novio, ni para convivir. Tampoco para tener hijos. Eso se puede hacer perfectamente sin amor y sin que la vida se convierta en un infierno. Una pareja puede vivir en armonía, con afecto y pasándola más o menos bien sin estar enamorada.

Equiparar el amor con la felicidad es algo de las películas. Cualquiera que haya vivido una experiencia amorosa sabe que en ella hay de todo: momentos maravillosos en los que el mundo gira alrededor nuestro y otros, en los que ese mismo mundo se vuelve un sitio tenebroso.

El amor es el amor: una invención humana que poco tiene que ver con el instinto o la biología. No nació con la naturaleza como las plantas o la lluvia. Podría no existir. No es imprescindible de la misma manera que no es imprescindible la pintura o la matemática. Tampoco es una necesidad del cuerpo aunque allí mismo se sienta. No es algo útil pero, es tan propio de la gente que, salvo para los fanáticos, es fácil diferenciarlo del cariño de una mascota o de la atenciones que le prodigan a sus parejas los animales.

El amor entre la gente es un amor hablado. Uno que se expresa y se escucha y que es habitual que comience diciendo unas palabras. “Estoy enamorado de vos” podría ser un buen principio.

Si nadie pretendiera tener con su pareja un amor erótico, el matrimonio podría convertirse en una asociación lograda. Pero también podríamos vivir sin escuchar música, leer libros o entender las leyes de la física. Nada de eso es estrictamente necesario y nada de eso se arranca de los árboles o se pesca. Por suerte la gente es obcecada y se da cuenta de que un sistema que solo sirve para cuidar la vida, nacer, crecer, reproducirse y morir, aunque sea eficiente y cumpla con la naturaleza, es de una tristeza absoluta. Cosa de primitivos. Y de parejas perfectas.

 
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